En el corazón chaqueño, el productor Aníbal Frete recorre con su mirada las pasturas que coexisten con parches de monte nativo en su Estancia La Constancia. Frete cuenta que durante décadas él y otros criadores veían al monte sólo como “algo que tirar de punta a punta”. Pero las últimas sequías y la incertidumbre climática cambiaron su mirada.

Como él mismo explica, “culturalmente el productor está acostumbrado a tirar el monte de punta a punta, pero últimamente, con la sequía y el impacto del cambio climático, se están buscando alternativas desde la ganadería y la agricultura regenerativa. Creemos que el monte es clave”. Esa convicción creciente apunta a conservar el bosque chaqueño en lugar de desmontarlo, y es un ejemplo concreto del giro hacia prácticas regenerativas que hoy impulsa a todo el NEA (Chaco, Formosa, Corrientes y Misiones).

El NEA enfrenta graves problemas agroecológicos que motivan este cambio. Se trata de una región históricamente atravesada por la expansión agrícola y ganadera intensiva. En el Gran Chaco, alrededor de un cuarto de la superficie fue ya desmontada para cultivos y pastoreo. Este modelo dejó “suelos con exceso de trabajo y desnutridos” dependientes de fertilizantes químicos, y bosques que eran corredores de animales autóctonos ahora están talados. Menos árboles en el paisaje significa suelos secos y erosivos, mayores temperaturas y altas emisiones de carbono, afectando la calidad del agua y la seguridad alimentaria regional.
En Corrientes y Formosa la situación no es mejor. Aun siendo en su mayoría llanuras suaves, estas provincias presentan “procesos activos de erosión de suelos” tanto hídricos como eólicos. El INTA de Corrientes documenta que la erosión laminar, un desgaste imperceptible en superficie, es el más frecuente en la provincia: ocurre cuando lluvias intensas caen sobre suelos con “escasa o nula cobertura”, especialmente en chacras agrícolas y rodeos ganaderos con alta carga animal. Al sumar tormentas fuertes e inundaciones cada vez más frecuentes, la degradación de la capa fértil se acelera. Sumado a esto, la Selva Paranaense de Misiones sufre su propio desmonte: aunque el ritmo de tala ha caído, cada año desaparecen miles de hectáreas de bosque nativo que eran esenciales para retener agua y nutrientes del suelo. En síntesis, la región padece suelos deteriorados, pérdida de biodiversidad y una mayor vulnerabilidad al clima extremo, el caldo de cultivo que impulsa a muchos a buscar modelos distintos de producir.
Frente a este panorama, la agricultura regenerativa aparece como un paradigma de transición. No se trata sólo de minimizar daños, sino de restaurar la vida del suelo y el equilibrio del ecosistema. En la práctica, eso implica reponer materia orgánica con cultivos de servicio o coberturas verdes, combinar cultivos y pasturas, integrar árboles y dejar descansos al suelo. Por ejemplo, en el Chaco muchos productores ya comenzaron a sembrar “cultivos de cobertura” entre hileras de soja. Estas plantas no se cosechan para vender, sino que fijan nutrientes y evitan la erosión del suelo.

En Corrientes, investigadores de CONICET y la UNNE avanzan con soluciones localmente adaptadas. Así nació “Pionera UNNE”, un cultivar de Stylozantes (una leguminosa de servicio) desarrollado especialmente para estos suelos pobres. Según los desarrolladores, “Pionera UNNE es el primer cultivo de Stylozantes guianensis desarrollado en el país. Su adaptación a suelos empobrecidos y su capacidad de mejorar la productividad la posicionan como una solución prometedora para la región”.
Esta planta perenne tolera bajos niveles de fósforo y ayuda a recuperar fertilidad al permanecer vigorosa hasta cuatro años. Experimentos en El Sombrero, Corrientes, mostraron que gramíneas forrajeras triplican su crecimiento cuando se mezclan con Stylozantes, gracias a su aporte de nitrógeno y sombra parcial. “Se está apuntando a instalar a nivel predio un ‘módulo experimental’ agroecológico”, explica Alfredo López, ingeniero de INTA Corrientes, quien lidera proyectos de agroecología en el NEA. En ese módulo se prueban cultivos de servicio, rotaciones, asociaciones de cultivos, semillas criollas y labranza reducida, todas prácticas regenerativas típicas ya en uso por pequeños agricultores familiares.
En ganadería, la rotación racional de pasturas (Pastoreo Racional Voisin, PRV) gana adeptos en el Chaco. El PRV divide el campo en potreros pequeños donde el ganado pasta por días breves, permitiendo largos descansos al terreno. De este modo se estimula la recuperación de pastos nativos y aumenta la materia orgánica. El INTA Chaco–Formosa lidera estudios sobre esta técnica. El ingeniero Silvio Pajor (INTA Villa Ángela) la describe como “uso inteligente de los recursos”: se basa en las leyes de reposo, ocupación, rendimiento máximo y requerimiento constante del pastoreo, todas enfocadas en suministrar una ración diaria óptima. Como destaca Pajor Flores, el PRV es “una estrategia muy flexible que se podría adaptar a los distintos ambientes, climas, especies y a todos los tamaños de explotación”. Además, el PRV elimina agroquímicos sintéticos (no usa herbicidas ni fertilizantes externos), deja descansos amplios a los suelos y fomenta la actividad biológica (por ejemplo, con más escarabajos estercoleros).

Todas estas iniciativas buscan transitar “de a pie” hacia un modelo distinto. Como resume el investigador Barbera del INTA: la agricultura regenerativa significa “vincularnos de otra manera con la naturaleza”, integrando cultivos, suelo, agua y comunidades en un sistema holístico. No es un cambio de un día para otro, sino un proceso gradual que ya está dando resultados palpables: suelos más mullidos, pastos renovados, mayor diversidad de plantas útiles y un ánimo de cooperación entre productores. Queda camino por recorrer, cada finca es un proyecto singular, pero la voz de los campesinos, técnicos y científicos es unánime: para el NEA hoy producir es también regenerar.







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